—Una parte de mí está disfrutando mucho esto —dijo ella—. Estar aquí contigo... Ojalá nos lleváramos mejor.
Él no se sorprendió. Sentía lo mismo y pensaba lo mismo. Era ese frío terrible, y el hecho de que estuvieran tan apretados. Cosas así te desorientan.
Pero, Dios mío, se sentía bien en sus brazos. Y olía tan bien, a vainilla, jazmín y algo más, algo que solo ella conocía.
—Descansa —dijo él, decidido a controlarse. Era su trabajo y estaba mal tocarla. Podría arruinarlo todo. Era una de las