Bosco frunció el ceño, con ganas de fumar, pero no traía cigarrillo hoy.
Normalmente no era un gran fumador, pero hoy cuanto más lo toleraba, más se irritaba, y con el constante parloteo de Salvador en su oído, se hacía aún más molesto. —Voy a salir a fumar.
Salvador le miró fijamente y no se le detuvo.
La familia Borja había preparado los cigarrillos y los había dejado en el comedor, afuera había un pequeño balcón que casualmente se utilizaba como zona de fumadores.
Pero en ese momento ya había