El suave roce de su palma hizo palpitar instantáneamente el corazón de Flavio, que debió soltarla de inmediato, pero más que no hacerlo, la agarró suavemente porque no podía contenerse.
Con las finas y callosas yemas de los dedos rozó la piel de Cecilia, la sensación de hormigueo surgió de aquel punto y recorrió las venas hasta la parte superior de la cabeza.
La garganta de Flavio se estremeció ligeramente cuando bajó la vista y clavó los ojos en Cecilia.
El ambiente que los rodeaba quedó instan