La negra y deslumbrante Harley aceleró en la vacía carretera costera.
La motocicleta estaba prácticamente volando en la calle a una velocidad de 300 kilómetros por hora.
Cherie solo podía escuchar el aullido del viento por sus oídos. Manejar a una alta velocidad la hacía sentir despreocupada y relajada, era como si sus preocupaciones salieran volando.
Tyler gritó: “¡Porotita Dulce! ¡¿Estás feliz?!”.
Cherie estrecho más sus manos alrededor de la cintura del hombre. Con su cuerpo inclinado