33. Córrete para mí, bebé
Punto de vista de Amelia
Mis muslos aún temblaban, el fluido resbalando por ellos en lentas y brillantes líneas.
El espejo frente a mí reflejaba cada detalle obsceno: mi cara sonrojada, sus ojos oscuros y hambrientos fijos en mí.
Dios.
No me había dado cuenta de que me había echado tanto de menos.
En cuanto a mí, ni siquiera había tenido tiempo de pensar en él. Pero ahora, con él de pie detrás de mí, era todo en lo que podía pensar. Todo en lo que podía concentrarme era en la forma en que me ha