Incliné la cabeza para mirarlo y sonreí tontamente: —Se llama... Lucas, ¿qué te parece? Hasta su nombre es elegante, ¿verdad? Seguro no lo conoces... es muy misterioso... muy discreto.
—Qué casualidad, justamente lo conozco —sonrió y se puso de pie, tomándome del brazo—. Vamos, te llevo a casa.
—¿Tú me llevas? ¿Quién eres? ¿Por qué me llevarías? ¿Te envió Sofía? Contrató tantos modelos esta noche... ¿cuánto les pagó? Aunque llegaste tarde... ya terminó todo...
—No me contrató la señorita Jiménez