Cuando se abrió la puerta, mi sonrisa se desvaneció al instante al ver quién entraba. ¡Era Antonio! Miré a mis amigas molesta: —¿Para qué lo invitaron? Solo viene a arruinar todo.
Sofía sonrió: —Lo invité para que vea lo bien que la estás pasando sin él —Se acercó a Antonio y, ignorando su cara de disgusto, lo provocó—: Señor Martínez, como puede ver... María tiene muchos pretendientes, así que ni piense en volver con ella. ¡Déjela en paz!
Me sentí satisfecha, el advertencia de mi amiga era nece