Traté de calmar al pequeño, tomándole la mano para tranquilizarlo.
Por suerte, mi hijo tenía un carácter alegre y era valiente. Bastaron unas palabras de mi tía, diciéndole que había comprado muchas cosas divertidas y deliciosas, para que dejara de resistirse.
Entramos a la habitación donde mi abuela estaba despierta.
Al ver a su bisnieto, mi abuela, a pesar de su debilidad, esbozó una sonrisa feliz y levantó la mano para indicarnos que nos acercáramos.
Mi tía llevó al niño junto a la cama. La m