— ¿Por qué? ¿Al ce...?
Carmen no terminó de hablar, parecía que le habían quitado el teléfono. Luego llegó la voz de Mariano, muy enojado: — ¡María! ¿Estás tan ansiosa por verme muerto que ya me traes al cementerio? ¡Te advierto que tengo vida para rato!
Reí: — No te apresures, ya veremos qué tan fuerte eres cuando lleguemos.
Deseaba que fuera lo más resistente posible, o este juego de venganza sería muy aburrido.
Colgué el teléfono, pensando que eran muy ingenuos.
¿Realmente creían que los llev