Me volví hacia el señor Zelaya con una sonrisa calculadamente suave: —¿Solicita una disculpa? Pero antes, quizás deberíamos escuchar lo que su acompañante ha estado diciendo.
Con movimientos deliberados, extraje mi teléfono y reproduje la grabación de la conversación del baño, permitiendo que cada palabra resonara claramente en el aire tenso.
El efecto fue inmediato - los rostros de los presentes se transformaron, pasando de la curiosidad al shock.
La influencer, perdiendo su compostura, estalló