El golpe asustó tanto a la gente que esperaba el ascensor como a Lucas.
—¡María! —gritó él de repente, pero no tuve valor para responder ni me atreví a detenerme.
Justo llegó el ascensor y mientras los oficinistas entraban, grité "¡esperen!" y me metí cubriéndome la frente.
Las puertas se cerraron y el ascensor subió.
Uf...
Suspiré aliviada, con el corazón acelerado y la mente zumbando.
No me atrevía a imaginar la reacción de Lucas.
Seguramente pensaría que era tonta y que estaba loca por él, po