—Bueno, creo que ya he bebido suficiente —dije cuando terminé mi bebida. Estaba charlando con las dos chicas, pero se estaba haciendo tarde y el bar empezaba a vaciarse, y no quería abusar de su hospitalidad. —Encantado de conoceros.
—Ay, no, no te vayas —dijo Diana, haciendo pucheros—. O, al menos, déjanos irnos contigo.
—Claro, de acuerdo —dije. Había decidido que al menos le pediría el número a Diana cuando nos fuéramos, si no a los dos.
—Solo necesito refrescarme un poco —dijo Diana, y ella