Avery despertó de la pesadilla.
Aún estaba oscuro afuera, así que procedió a encender las luces.
La habitación se iluminó al instante y el miedo que sentía en su interior se desvaneció poco a poco mientras miraba su alrededor.
Tomó su teléfono para revisar la hora: eran las seis y media de la mañana.
Sentía que su cuerpo se congelaba y ardía al mismo tiempo, y cuando levantó la mano para tocarse la barbilla, entró en contacto con una gruesa capa de sudor.
Su corazón seguía palpitando por el