Avery no le entregaría a nadie lo que su padre le había dejado.
No dejaría que nadie se lo quitara.
Sus palabras fueron severas, pero Elliot no solo no se asustó, sino que las encontró muy divertidas.
“¿Por qué sonríes?”, preguntó Avery al ver su sonrisa.
“Por tí”, se burló. “Eres santurrona, arrogante y estás cavando tu propia tumba”.
Avery podía obligarse a aceptar las dos primeras, pero ¿qué quería decir con que estaba cavando su propia tumba?
“¡Vuelve a tu habitación! Solo mirarte me d