Mundo ficciónIniciar sesiónTheodora Revelt não apenas fugiu de casa, ela fugiu de si mesma. Após um acontecimento traumático e embaraçoso no último ano do ensino médio, Theo não conseguiu encarar seus amigos e seus pais negligentes, que a culparam quando deveriam tê-la acolhido. Muito menos, escolher uma das faculdades nas quais foi aceita. A avó contou histórias sobre uma pequena e pacata cidade litorânea de um país vizinho, onde passou o melhor verão de sua vida e é para lá que ela decide se esconder pelos próximos três meses, ou, até o verão terminar e todos se esquecerem dela e do suposto vídeo comprometedor, onde todos decidiram ignorar o verdadeiro crime cometido por Nicolas Calore, o ex-namorado babaca, que saiu impune. Penza é uma cidadezinha romântica e acolhedora com praias calorosas e pessoas com uma vida muito mais simples do que Theo tem em Florença, na Itália, e simples é tudo o que ela quer agora. Tudo teria sido simples se o aeroporto não tivesse perdido suas malas, o taxista não a tivesse deixado no meio da estrada sob chuva e se o charmoso Lionel Alvord não tivesse aparecido para ajudá-la. Porém, nada nunca é simples com os Revelt e os segredos queimam mais do que o sol.
Leer más—¡Serena!
—Jack... No es lo que parece.... Puedo explicarlo.
—¿Cómo pudiste hacerlo?
—Solo guarda esa pistola, Jack. Podemos hablar como personas civilizadas.
—Jack, amigo....
—¡No me llames amigo!—gritó con furia—estás con mi esposa, en mi cama, y en mi casa.
—No cometas una locura, Jack. Mírame bien, soy tu esposa.
—Ese precisamente es el gran problema, Serena... ¿Cómo fuiste capaz?
—No te hagas el sorprendido, Jack. Sabías perfectamente que nunca te amé. Tú solamente has comprado mi cariño y compañía todos éstos años, pero es realmente Albert el amor de mi vida.
—¡Malditos!—exclamó con lágrimas en los ojos—los puedo hacer pagar por su traición, solamente con tirar de este gatillo.
—¡Entonces hazlo!—se levantó—sabes que no tienes las bolas para hacerlo.
—Serena...
—Tranquilo, Albert, yo sé lo que hago. Te conozco muy bien, Jack. Sé que no me harás daño. Todo esto es un show barato que estás armado para aparentar que eres un hombre respetado, pero no eres nada. Solo eres un cobarde. Te escondes detrás de esa pistola, como todos éstos años te escondiste detrás de una fortuna para tenerme a tu lado... Eso se acabó.
—Eres una....
—¿Qué vas a hacer? ¿Nos vas a matar y luego esconder los cadáveres? ... ¡Ya baja esa pistola! .... ¡Cobarde!
—Te dí toda mi fortuna...—dijo Jack bajando la pistola finalmente.
—¿Y eso me hace tuya?
—Mírate... Ni siquiera tienes una lágrima en tus ojos, Serena.
—¡Me cansé, Jack! ¡Me cansé de fingir que te amo!, Me cansé de vivir con una maldita sonrisa falsa en el rostro. La verdad es que siempre sentí repugnancia cada vez que me hacías el amor. Cada vez pensé en él, en Albert, el verdadero amor de mi vida.
—¡Mientes!
—¿Miento?
—Teníamos un trato. Yo ponía toda mi fortuna a tu nombre, y tú serías mía.
—Exacto. Fuí tuya por muchos años. Nos casamos, y viví contigo en este cuchitril por casi un año. Es mucho tiempo, más de lo que puedo soportar tenerte junto a mí. En lo que a mí respecta, ese trato ya fue saldado.
—¡Desgraciada!
—Ahora, tienes cinco minutos para abandonar mi casa, o llamaré a la policía. El lunes en la mañana quiero el divorcio firmado sobre la mesa de mi abogado, y no quiero volver a verte en el resto de mi vida.
—¡Se van a arrepentir!
—¡Cierra la puerta al salir!
—¿Estás loca? ¿Cómo puedes hablarle así?
—Ya se fue. Debemos seguir en lo nuestro, mi amor.
Serena se levantó del piso para ir a servir un par de tragos.
—¡Es tu esposo! ¿Qué no sientes ningún remordimiento?
—¿Remordimiento? En primer lugar, fueron esos estúpidos sentimientos los que me mantuvieron atada a ese cerdo asqueroso durante diez años. Pero eso se acabó.
—¿Y qué te hace creer que te dará su fortuna tan fácil?
Una carcajada sarcástica se dejó escuchar saliendo de la boca de Serena.
—Ya esa fortuna es mía. El muy imbécil puso todo a mi nombre, con la única condición de que me casara con él, pero no podía usar el dinero hasta que pasaran tres años de matrimonio.
—Exacto, Serena. Tres años, solamente ha pasado uno. Estás incumpliendo el trato.
Serena colocó su dedo en los labios de su amante, y entregó una copa de champagne en sus manos.
—Todo está a mi nombre, ya me cansé de aguantar las ganas de vomitar, ya no quiero fingir más amor en mi vida... Se acabó, yo gané, ¿Y sabes cuál es mi mayor premio?
—¿Cuál?—empinó su copa.
—¡Tú, tontito!
—¡Y cincuenta millones de dólares!
—Cincuenta millones de dólares que usaré para hacer que nuestras vidas sean perfectas.
Serena abrazó a Albert con dulzura mientras acariciaba su cabello rubio.
—Tú serás mi nuevo esposo una vez que ese cretino de Jack firme el divorcio. Te haré mi único heredero. No me importa lo que los demás digan, no me importa que eres diez años menor que yo.... Eres el amor de mi vida, Albert, y te mereces lo mejor.
—Entonces fírmalo ahora mismo.
—¿Perdón?—preguntó Serena asombrada gratamente luego de ahogarse ligeramente con su champagne.
—Firmemos un acta en dónde asegures que toda tu fortuna será para mí. Esa sería una manera muy original de demostrarme cuánto me amas.
—¡Estás loco!—exclamó riendo.
—Hoy ha sido un día realmente loco. Me acosté con la esposa de mi mejor amigo en su propia casa, él nos apuntó con un arma de fuego, y ahora me entero que seré el esposo de una mujer multimillonaria... ¡Nada de esto tiene sentido!
—Tienes razón. Debemos vivir cada día de nuestro amor, como si fuera el último.
—¡Salud por eso!
—Firmemos ese documento ahora mismo.
Esa noche redactaron un acta usando la sabiduría en leyes que Albert había conseguido durante toda su vida estudiando derecho, y tenía que ser un abogado muy bueno. No por nada había sido el abogado personal de Jack durante tantos años.
Los fuertes golpes en la puerta hicieron que Jack fuera directamente a ver de quién se trataba.
—¿Jack Patterson?
—¿Si? ...
—Soy el detective Castillo.
—¿Quiénes son todas esas personas?
—Son personas que lo odian, señor Patterson.
—¿Me odian? ¿Por qué?
—Usted es el principal sospechoso de la desaparición de su esposa, la señora Serena Blas.
—¿Que yo qué?
—¡Queda detenido!
El señor Jack Patterson fue sacado de su casa esposado, y bajo el abucheo de decenas de personas que se dieron cita en las adyacencias de su vivienda. Incluso algunos le arrojaban tomates podridos.
—¿Su esposa era muy querida por la comunidad?—preguntó el detective una vez en la patrulla.
—Ella era una modelo muy famosa entre los habitantes de la ciudad.
—Tranquilo. Estamos aquí para evitar que nadie salga lastimado.
Muchos golpes, cubetazos de agua helada, y amenazas directamente al oído fue la manera en la cuál fue recibido el señor Patterson en el ayuntamiento.
—Siéntense.
—Pensé que nadie saldría lastimado.
—Mentí un poco. Muy bien, haré esto fácil y sencillo para que ambos podamos salir rápidamente de todo... ¿En dónde está su esposa, señor Patterson?
CaioPuta merda. Essa noite vai ser uma puta merda das grandes. Ela está aqui, porque eu permiti que viesse, porque eu fui fraco e não pude negar. Trazê-la aqui foi um erro e meu irmão vai arrancar a minha cabeça se descobrir.Os últimos dias tem sido horrível entre nós dois, francamente os últimos meses tem sido desesperador. Perdemos nossa irmãzinha e nossa mãe está sempre tão dopada de remédios e drogas que nem sei se se lembra de que ainda tem dois filhos, enquanto apodrece no sofá da casa dela e Lion ainda pensa que o que eu faço é a pior parte das nossas vidas.É apenas diversão. Uma diversão perigosa que agora não estou metido sozinho. Observo pelo canto do olho Brianna de braços cruzados com a bunda encostada no porta malas aberto, falando sem parar sobre nada em específico com Theo, que troca os saltos altos de solado vermelho por um par de tênis brancos com glitter prata. Eles não combinam com ela, porque são de Bri. Fico imagino o quão caro devem ser aqueles saltos, ou qualq
Lion sequer olhou para trás para conferir se eu o acompanhava. Tudo o que fez foi chegar a passos largos e enraivecidos até o loft, pegar a chave da minha mão e bater à porta assim que entramos. Tentei impedi-lo duas vezes no meio do caminho, mas não havia muito o que eu pudesse ter feito com os meus um metro e cinquenta e cinco sobre saltos altos que machucavam meus pés. Ainda machucam, então me apoio no braço do sofá e os tiro, deixando-os no chão e observando o loiro desaparecer pelo mezanino.Ouço a porta do quarto se fechar, um aviso claro de que ele prefere a solidão agora. Suspiro encarando o interior escuro do loft, a escassa luz vem dos postes do lado de fora e da luz no céu que ultrapassa as enormes janelas ao lado da escada e projeta a sombra dos quadradinhos no piso amadeirado. Pego meu celular checando as horas: Dez da noite, mais trinta e quatro ligações e infinitas mensagens lotando minha caixa de entrada e de voz.Bloqueio a tela do aparelho abandonando-o junto com a b
As pessoas não estavam no jardim. Todos haviam corrido para dentro da casa para vasculhar cada cômodo na esperança do suposto passeio de lancha - uma lancha que nem existe de verdade.Paro na entrada da porta dos fundos da casa e Lion quase esbarra em minhas costas, lançando um olhar confuso que pergunta silenciosamente o por quê de eu ter parado se acabei de desafiar Bernardo a me dar um prêmio de verdade caso eu ache a maldita bolinha dourada.— Por que paramos?— Porque não está na casa.— Como assim não está na casa? - O loiro franze a testa e eu dou meia volta ficando de frente para ele e indicando a piscina. — Tudo bem, eu não entendi.— Ele pulo do segundo andar. - Explico revirando os olhos pelo lento raciocínio dele. Os respindos da água da piscina deixaram a camisa branca grudada aqui e ali, translúcida em alguns pontos e preciso me concentrar em qualquer outro detalhe dele para não ser tão óbvia, mesmo desejando muito admirar o abdomem sutilmente marcado. — Se eu fosse esco
Saio do banheiro depois de respirar fundo três vezes e engolir todo o arrependimento de ter aceitado uma carona no meio da estrada, de ter ido para a maldita praia, de ter vindo para essa festa. O único arrependimento que ainda não me consome é o de ter saído de Florença, pelo simples fato de que meu orgulho é maior.A música soa mais alta conforme desço a escada e chego no jardim, mais lotado do que antes - obviamente com mais de trinta pessoas. Bem mais.Corro os olhos pela multidão e não vejo sinal de Lion na mesinha em que estávamos perto da piscina, apesar da mochila e da polaroide estarem sobre ela, para que ninguém decida ocupá-la. Cadê você?— Baixinha! - Bernado me dá um leve susto ao se espremer entre duas pessoas para chegar até mim. Ele segura dois copos nas mãos e um deles está cheio de um líquido vermelho que reconheço como uma imitação ruim do drink que fiz para eles mais cedo. — Achei você! Tome!— Você viu o Lion? - Pergunto ainda procurando o loiro de camisa branca p





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