~ BIANCA ~
Todo estaba oscuro. Cálido. Cómodo.
Entonces, lentamente, la oscuridad comenzó a disiparse en los bordes, como tinta disolviéndose en el agua. Abrí un ojo —solo uno, probando si el mundo todavía existía del otro lado de mis párpados. La luz era suave, amarillenta, nada agresiva. Animada, abrí el otro ojo.
El techo blanco giraba levemente, o tal vez era yo la que estaba girando. No estaba segura. Parpadeé algunas veces, tratando de forzar al mundo a quedarse quieto, a tener sentido.