Al mirar el rostro miserablemente pálido de Luna, quien estaba callada mientras permanecía inmóvil, la mirada de Joshua se llenó de aún más molestia.
Él estaba en lo cierto, entonces.
La persona que abrazaba al hombre delgado detrás de las rocas era Luna. Ante ese pensamiento, la mirada de Joshua se volvió aún más fría.
Allí estaba él, preocupado de que Luna se sentía sola, ya que no había nadie con quien ella pudiera hablar después de que Christian se fuera Ciudad Banyan tan repentinamente.