No se permitían las visitas por la noche, pero la mujer emanaba un aura tan aterradoramente siniestra que la policía de turno hizo una excepción con ella y la dejó entrar.
Luna se despertó de su sueño.
Ella no podía dejar de preguntarle a la guardia de la prisión quién la estaba visitando mientras la seguía fuera de la celda.
Sin embargo, la guardia de la prisión no pudo ofrecerle ninguna otra información, aparte del género de la persona que la estaba vistiendo. La visitante era una mujer.
L