El Ferrari de Bonnie era rápido.
Desde las afueras, donde estaba la fábrica abandonada, hasta la Villa Bahía Azul, un trayecto que normalmente tomaba media hora, a Bonnie le tomó menos de quince minutos.
Cuando ellas regresaron a la villa, Luna bajó del coche inmediatamente y corrió como loca hacia el estudio.
Bonnie la siguió. Al ver la figura ansiosa de Luna, ella no pudo evitar suspirar con impotencia. Desde que ella conoció a Luna, la había escuchado decir innumerables veces, palabras com