Mundo de ficçãoIniciar sessãoPobre Lizzie. Bien, y pobre Charlotte. Necesitaba desahogar toda la angustia y el miedo que me causaran las novedades, pero no podía hablar con Trisha ni con Amy. Así que la pobre Lizzie tuvo que ofrecerme su hombro fantasmal para llorar a mares. Esas dos semanas fueron las más largas de la historia, y las pasé luchando contra mi urgencia por dejar todo e irme a Los Ángeles. De hecho, estuve a punto de hacerlo en tres ocasiones.
La peor fue cuan







