En mitad de la noche, Hector pellizcó a Hana de forma tan agresiva que le salieron moretones por todas partes. Ella lloró durante toda la noche mientras abrazaba a su hija pequeña. Ese año, Hana aún no había cumplido los veinte años. Era como si Hana, aún joven, viviera en un infierno ardiente. Tenía que madrugar y volver tarde a casa todos los días para que le atendieran el puesto de la calle. Incluso tenía que esconderse de Hector cuando volvía a casa por la noche.
Hubo momentos en los que pe