Ana asintió con dificultad, pero en realidad, no estaba prestando atención.
El miedo a lo desconocido suele ser más aterrador que una cruda verdad.
Al detenerse el coche, Ana dejó un par de billetes y salió a toda prisa, dirigiéndose hacia la habitación de hospital donde se encontraba Silvia.
Cuando llegó, se dio cuenta de que la habitación estaba vacía; sin embargo, las sábanas que originalmente eran blancas como la nieve, estaban teñidas de un impactante rojo sangre.
De inmediato, el corazón