Teresa pensó en su pasado y suspiró, diciendo:
—Déjalo, encárgate de tus propios asuntos, pero cuídate. Tu madre ya tiene muchos años, no quiero verte herida.
Ana se sorprendió un poco, no esperaba que Teresa de repente dijera tal cosa, pero de cualquier manera, el hecho de poder evitar un conflicto madre-hija la hizo sentir aliviada.
—Gracias, mamá.
Teresa hizo un gesto con la mano, no dijo más y se retiró a su habitación. Pero su figura parecía un poco más delgada, lo que hizo que Ana sintiera