—¿Así puedes ir a ver al doctor por ti misma? —Lucas tiró del brazo de Ana, permitiéndole apoyarse en él.
Después de tanto tiempo sin verse, el carácter de esta mujer no había cambiado ni un poco, seguía siendo igual de fuerte.
—En realidad no me pasa nada, sólo estoy un poco mareada porque no desayuné, deberías irte.
Ana lo explicó, pero su afirmación no parecía muy convincente.
Lucas también se rio debido a su obstinación. ¿Qué tan desagradable tenía que ser para que Ana quisiera deshacerse de