Lucío sabía que la idea de morir atropellado por un auto era absurda, pero cuando sintió que podría ser lanzado por un vehículo, la primera idea que surgió en su mente, increíblemente, fue esa humildad.
Sebastián vaciló por un momento, con algo de malestar en su corazón, dijo:
—Sé que te sientes mal, entonces, te invitaré a beber algo, cuando estés borracho podrás dejar de lado esas cosas desagradables.
Sebastián no sabía cómo hacer feliz a Lucío, lo único que se le ocurrió fue ahogar las penas