La mirada de Lucas se oscureció, llamó a sus guardaespaldas y ordenó que se preparara un auto y personal especial para llevar a Ana a casa.
—Ya están esperándote abajo. —Dijo Lucas con voz apagada.
—Gracias, te lo agradezco. — respondió Ana, tratando de ocultar su indiferencia. Salió rápidamente de la habitación del hospital, permitiendo que las lágrimas finalmente escaparan de sus ojos.
Recordando el semblante sombrío de Lucas, Ana no pudo concentrarse en nada más y se apresuró a buscar al médi