Ana siguió a la enfermera que Sebastián había llamado hasta una habitación VIP del hospital, equipada con un baño. Se despojó de la ropa teñida de sangre y borró las evidentes manchas rojas de su cara y cuerpo.
Una vez cambiada, la enfermera trajo ropa limpia y Ana, soportando el dolor, se vistió y, según indicaciones, se sometió a un chequeo físico. Durante todo este proceso, Ana se sentía completamente adormecida. Sólo seguía las instrucciones de la enfermera, haciendo lo que debía, mientras