Al escuchar esto, Hugo y Lucas dejaron de discutir de inmediato y se apresuraron a acudir al lugar.
Llegando a la puerta, se encontraron con que estaba firmemente cerrada, y de vez en cuando salía de ella un ruido estruendoso que helaba la sangre.
Hugo había visto a Javier una vez antes, pero ya había un cariño palpable en su corazón. Ante tal situación, no dudó en golpear la puerta y tratar de calmarlo:
—Javier, abre la puerta. Hablemos, cuéntale a tu abuelo lo que te preocupa.
Pero Javier no