Aquella persona no sólo no soltó a Ana, sino que se tornó aún más violenta, empujándola con fuerza al suelo y propinándole varias patadas brutales.
—¡Si no cierras la boca, estás muerta!
Precisamente, su pie impactó en el vientre de Ana, quien de inmediato sintió una dolorosa contracción en su estómago. El día anterior no había comido prácticamente nada y esta agresión exterior incrementó el dolor hasta un nivel insoportable, como si un cuchillo la estuviera cortando.
Ana podía saborear un gust