El descontrol de Ana dejó a Lucas conmocionado. Se apresuró a acercarse, intentando arrebatar el teléfono que aún emitía sonidos de las manos de Ana, pero ella lo agarraba con fuerza, como si se aferrara a un salvavidas, sin intención de cedérselo.
—Ana, ¡cálmate!
El estridente grito casi perfora los tímpanos de Lucas, pero lo que sintió no fue molestia física, sino un dolor como si algo apretara su corazón, queriendo triturarlo.
Nunca había visto a Ana perder el control de esa manera, nunca, in