Isabel observaba cómo Ana finalmente se marchaba y, aliviada, suspiró. No comprendía qué le pasaba a esa mujer, amenazándola sin motivo aparente. Y Lucas, su propio hijo, no la defendía. En lugar de eso, parecía preferir a Ana.
Mientras Isabel reflexionaba, vio cómo Lucas despedía a Ana con una mirada llena de añoranza. Isabel sospechaba que, si pudiera, Lucas se habría ido con Ana. Con un suspiro profundo, Isabel se irritó aún más con su hijo. Entre tantas jóvenes distinguidas, él elegía a una