A pesar de que Luz había muerto, Ana no podía cargar toda su amargura sobre Lucío. Así que, al verlo tan arrepentido, se sintió mal. Si ella hubiera pasado por lo mismo que Lucas, estaría destrozada al volver.
Lucío, al oír esto, abrió sus brazos y abrazó a Ana. Ella no se resistió. Aquel abrazo no era como el de los amantes llenos de insinuaciones, sino el de amigos que no se habían visto en mucho tiempo, apoyándose mutuamente. En ese momento, parecían dos pequeños animales perdidos buscando ca