Más aún, ahora solo Doroteo podía controlar la enfermedad de Lantit, por lo que Ivins no tenía intención de dejarlo ir fácilmente. Lantit se quedó en el estudio de Ivins, esperando los resultados de la investigación. La búsqueda no tomó mucho tiempo, y pronto recibieron algunos documentos. Ivins los revisó de inmediato, y Lantit se acercó, ansiosa por conocer el pasado de Doroteo.
—¿Lucío? ¿Así se llama? —Lantit pronunció este nombre un tanto complicado para ella, una extranjera, con un sabor in