—Espera, déjala en el suelo— Sergio, al ver el estado desastroso de Ana, finalmente habló y ordenó que la pusieran en el suelo.
Ana, sintiéndose como si hubiera recibido un indulto, respiró aliviada en el momento en que sus pies tocaron el suelo.
—Ahora que también es hora de cenar, ¿qué tal si encontramos un lugar para comer y charlar? —Sergio extendió la mano y ayudó a Ana a levantarse. Ana se sintió incómoda y quería retirarse, pero reconsideró dado que aún necesitaba pedirle un favor.
—Bien