La pregunta flotó entre nosotros, pesada e inevitable. Christian mantuvo la mirada fija en la mía durante un largo momento, como si evaluara cuánta verdad merecía escuchar. Entonces, sorprendentemente, sonrió – no aquella sonrisa confiada que usaba con el mundo, sino algo más suave, casi resignado.
— No es algo que se supere de la noche a la mañana. — Me devolvió mis propias palabras, y por alguna razón, eso dolió más de lo que cualquier otra respuesta habría dolido.
Aparté la mirada, súbitamen