Mi teléfono vibró cuando Julián me empujó contra la pared de la biblioteca. Habíamos dejado el estadio, viniendo aquí con la intención de tomar un poco de aire.
Mi coño, sin embargo, tenía otros planes. Fue así como terminamos enroscados el uno con el el otro en la biblioteca, besándonos.
El misterioso desconocido me había permitido correrme, pero mi clítoris seguía goteando, exigiendo más, y el chico debajo de mí era el único hombre además de Jason que podía embestirme como yo quería.
Duro y s