La intensa luz del sol de la mañana bombardea mis pobres y sensibles ojos. Doy media vuelta para reducir aquella molestia y caigo en cuenta de que no estoy en mi cama, abro los ojos de golpe y me siento.
¡Auch! Mala idea.
Miró a mi alrededor y reconozco la habitación al instante. Estoy en una de las habitaciones del pent—house de Louie. Genial, no tengo idea de cómo llegué aquí y por qué no estoy en mi casa. Nunca en mi corta había estado tan borracha como para no acordarme de algunas cosas, te