Estaba decidido. Esa mujer iba a ser suya. La primera lección que le enseñaría era: "No llevarle la contraria''. Le había dicho que iba ir por ella. ¿Qué fue lo que hizo? Burlarse en su cara. ¡Maldita mujeres! Eran un caso de confusión continua, y más las americanas con sus aires de autosuficiencias, igualdades y feminismo.
Ella entendería de una vez por todas, cuando se casara con él. Que no toleraba ninguna clase de juegos, excepto los que incluyeran sexo. Agradecía a la tecnología y a Google