Mundo ficciónIniciar sesiónMarcos llegó a las seis de la tarde del segundo día, un día antes de lo que había dicho.
Valentina estaba en el porche con el portátil en las rodillas y los pies descalzos apoyados en el escalón inferior cuando escuchó el coche en la calle. Levantó la vista. El sol del atardecer entraba desde el oeste a esa hora y le pegaba de perfil, en el pelo y en el hombro izquierdo, con esa calidad de luz dorada que existe solo veinte minutos







