Capítulo 55 Corazón.
Las grandes manos acariciaban su espalda, mientras sus labios le devoraban el alma, un pequeño jadeo salió en forma de suspiro, y su lanza se elevaba deseosa de ser tocada y como si estuvieran conectados de alguna forma, sus ojos chocaron, y una de las manos dejo su espalda, para acariciar su erección, haciéndolo vibrar como nunca lo creyó posible.
— Renzo. — su nombre salió como suplica, a la vez que sus ojos se abrían y lo traían al presente, ahora al menos sabia el nombre de aquel hombre que