Yvonne sacudió la cabeza: “No estoy llorando”.
La amabilidad del Abuelo la había conmovido profundamente.
Sue puso los ojos en blanco, sin saber qué reacción dar. “Señora, sus lágrimas están todas en el suelo, pero ¿dice que no ha estado llorando?”.
“Era solo el viento que me sopló arena en los ojos”, respondió tercamente Yvonne.
La boca de Sue se crispó. “Muy bien, es solo la arena. ¿Quiere que se lo soplé entonces, señora?”.
“Está bien Sue, estoy bien ahora”, respondió Yvonne mientras sac