La sonrisa en el rostro de Ana se congeló.
—Francisco no te ama en absoluto, ¡no puede querer casarse contigo!
—Tendrás que preguntarle a él.
Alonso, con una actitud relajada, miró fijamente a Sabrina.
—¡No te hagas ilusiones sobre una reconciliación! Te doy tres días para que salgas de Madrid y no vuelvas a aparecer frente a Francisco.
—¿Y si no lo hago?
Sabrina no soportaba ver a alguien tan desafiante frente a ella.
La mirada de Alonso se volvió gélida, irradiando la autoridad de un s