Capítulo 831
Ese hombre tan fuerte parecía ahora tan sumiso como un perrito, y Clara temblaba ligeramente. La diferencia en su fuerza era abrumadora.

En esta situación, ella sabía que no podía enfurecer demasiado al hombre. Si lo hacía, su posesividad aumentaría y luego sería fuera de control.

Clara respiró profundamente y, aprovechando el poco juicio que le quedaba, comenzó a razonar con él: —Darío, puedo ayudarte con otras cosas, pero esto es algo que no puedo hacer.

—¿No puedes hacerlo? ¿Acaso todavía pie
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