Alberto se volvió para mirar a Ángela y dijo: —¿No fuiste tú quien insistió en irte?
Ángela, con lágrimas de frustración, respondió: —¿Crees que quiero quedarme aquí? Solo que no puedo soportar dejar a nuestro hijo. Ha pasado tantos años con nosotros, soportando todas las dificultades que enfrentamos al emprender.
Mientras hablaba, Ángela se arrodilló frente al anciano López, con las rodillas temblorosas. —Papá, ¿sabes cómo hemos estado viviendo todos estos años? Sé que no te agrada mi origen, p