Hace un tiempo, Clara hizo esa misma pregunta cuando acababa de despertar. En aquel entonces, Clara parecía una oveja perdida, hablando con timidez y sumisión.
¡No era como ahora, irradiando confianza por todos lados! Ella frunció los labios y agregó: —No importa si no le agrado, de todos modos no voy a casarme con ella.
Tras decir eso, salió del restaurante a grandes zancadas. Diego la observó alejarse con determinación y se sumió en sus pensamientos.
Sin la carga de un hijo ni el lazo familiar