Elio lo describió con tal ligereza que Gerardo sintió un escalofrío al imaginarse la clase de vida que llevaba su hijo en el pasado.
Barrios marginales, medios viles, sin haber recibido nada en su vida... esas palabras le partían el corazón.
Desde que su esposa falleció, Gerardo en realidad no había prestado demasiada atención a Fabián, aunque siempre se había ocupado de satisfacer sus necesidades materiales.
Pero ahora que había encontrado a su propio hijo, sentía una profunda compasión por él.