Ezequiel observaba a la mujer en sus brazos, apreciando su clavícula delicada y hermosa, e incluso la forma de su pecho era claramente visible.
Clara notó su mirada y lo empujó bruscamente.
Saltó a la cama a la velocidad de la luz y se cubrió completamente con las sábanas.
Los ojos de Ezequiel se oscurecieron, mientras entrelazaba su pulgar con el índice. Sintió un vacío en su palma cuando ella se alejó.
Al ver su cuerpo acurrucado bajo las sábanas, esa extraña sensación volvió a surgir.
Ezequie