El cielo aún no había amanecido cuando el teléfono de Diego no dejaba de vibrar. Pensó en ignorarlo y seguir durmiendo, pero se dio cuenta de que era Julián quien llamaba.
Si Julián lo contactaba, era porque era algo importante.
—Tío Toro, ¿qué pasa? —Diego echó un vistazo a la persona en sus brazos y bajó deliberadamente la voz para no despertarla.
—Vuestra Excelencia resultó herido.
El sueño de Diego desapareció al instante. —¿Cuándo sucedió? ¿Por qué no me enteré?
—Hace media hora, el mensaje