—Así que de ahora en adelante no te besaré ni haré nada más íntimo contigo que tomarte la mano y abrazarte —dijo Zhong Keke, aparentemente decidido.
Él frunció el ceño cuando la escuchó decir eso, y un repentino malestar lo invadió.
—¿Pero no dijiste que te gusta hacer eso?
—Estoy contento, pero no es justo para ti. Si fuera yo, no me gustaría ser tratado así por alguien a quien no amo —dijo Zhong Keke.
—No me molesta…
—¡Pero lo haré! —Ella miró hacia arriba y abrió mucho los ojos par