"No las quites", dijo mientras sacaba un encendedor y encendía las velas de números que habían sido insertadas en el pastel la noche anterior.
La luz de las velas parpadeaban mientras Qin Lianyi miraba inexpresivamente a Bai Tingxin y preguntaba: "¿No... vas a pedir un deseo?".
Luego, de repente, a ella le pareció redundante una vez las palabras salieron de su boca. ‘Ya pasó su cumpleaños. ¿Qué deseo podría pedir?’.
"¿Los deseos se hacen realidad?". Él fijó sus ojos en ella.
"¿Quién sabe?",